Los indicadores socioeconómicos no acompañan a la administración del presidente Javier Milei. La actividad económica no repunta y el comportamiento observado en el segundo trimestre expone a la Argentina a entrar en una recesión técnica, si es que en el tercer trimestre la ecuación no se modifica. La pobreza no le ha dado tregua a los argentinos. La actualización de las tarifas ha golpeado sensiblemente la economía hogareña, especialmente en lo que hace al servicio de electricidad. La suba internacional del petróleo ya se siente en el país. La petrolera estatal YPF ha decidido subir sus combustibles en un 1%, un reajuste más bajo que el resto de las petroleras que remarcaron entre un 2% y un 5%. La inflación vuelve a escena. Las consultoras anticipan que este mes puede ubicarse entre un 1,7% y un 1,9%. Hay economista que ya hablan de estanflación (estancamiento con inflación), como el caso de Lorenzo Sigaut Gravina, director de análisis macroeconómico de Equilibra.
Un jaque al futuro de la Argentina: la pobreza como problema estructuralLas expectativas cambiaron. “En algún momento, en el tercer año se esperaba que la economía empezara a despegar, que la recaudación mejorara y se pudiera sostener el ancla fiscal sin ajustar el gasto”, afirmó el economista. Sin embargo, “la recaudación está cayendo y el gobierno está obligado a seguir ajustando el gasto. El principal problema es la falta de crecimiento”, resaltó.
Después de tres semestres consecutivos de mejora, la baja de la pobreza encontró un freno. En la primera mitad de 2026, la pobreza alcanzó a 9,7 millones de personas y se ubicó en 32,3%, por encima del 28,2% del segundo semestre de 2025 y del 31,6% registrado un año atrás. La indigencia, por su parte, subió de 6,3% a 7,5% frente al semestre anterior y desde 6,9% interanual.
¿Qué cambió? Los ingresos perdieron terreno frente al costo de vida. Respecto del año anterior, el ingreso per cápita familiar aumentó 31,3%, mientras que la canasta básica total avanzó 19,6% y la alimentaria 21,4%, por debajo del 33,1% de la canasta básica total y del 35,7% de la alimentaria, detalla GMA Capital. A eso se suma un mercado laboral que muestra señales de mayor fragilidad: en el segundo trimestre, el empleo informal ganó un punto porcentual de la población frente a un año atrás, mientras que el formal perdió medio punto. Con ingresos creciendo por debajo de las canastas y menor generación de empleo registrado, la mejora en el poder adquisitivo de los hogares perdió fuerza. El bolsillo de los argentinos se resiente y pasa facturas al Gobierno. El deterioro socioeconómico alcanzó especialmente a quienes dependen del trabajo: unas 7 de cada 10 nuevas personas en situación de pobreza tienen entre 15 y 64 años. Además, los ingresos de los deciles medios crecieron por debajo de las canastas, reduciendo el margen de los hogares más cercanos a la línea de pobreza, indica un reporte de la Fundación Mediterránea.
Qué hay detrás de las subas en las tasas de pobrezaEl problema ya no son los precios, sino los ingresos, con impacto focalizado en la clase media argentina. En el último año, los ingresos per cápita de los tres deciles más bajos de la pirámide socioeconómica crecieron entre 36,5% y 43,5%, por encima tanto de la Canasta Básica Total (31,3%) como de la Canasta Básica Alimentaria (35,9%), apoyados en el mayor peso de las transferencias. En los sectores medios, en cambio, la situación fue distinta: entre los deciles 5 y 8, los ingresos aumentaron entre 27,4% y 30,5%, por debajo de ambas canastas, especifican Laura Caullo y Federico Belich, economistas del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral).
Es el retrato de una clase media que depende más del ingreso laboral y menos de las transferencias, y que por eso cuenta con menos herramientas para amortiguar el deterioro cuando esos ingresos pierden frente a las canastas, explican los investigadores. Aunque en su mayoría se ubican por encima de la línea de pobreza, esa pérdida de poder adquisitivo reduce su margen: para los hogares más próximos al umbral, un retroceso relativamente pequeño puede alcanzar para cruzarlo.
A dos velocidades
El primer dato de actividad del segundo semestre tampoco ofreció demasiado alivio. En julio, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,9% mensual desestacionalizado y 1,4% interanual, y el crecimiento acumulado del año se redujo a 1,7%. El dato llega después de una contracción del Producto Bruto Interno (PBI) de 0,6% en el segundo trimestre y empieza a encender alarmas: si el tercer trimestre terminara en terreno negativo (es decir, si agosto y septiembre no mejoraran), la economía encadenaría dos caídas consecutivas, dando pie a una recesión técnica, puntualiza el economista Nery Persichini.
La composición, por su parte, sigue mostrando que la economía viaja a dos velocidades. Mientras minas y canteras avanzó 8,4% interanual, el comercio se hundió 5,1%, la industria 4,6% y la construcción 3,3%. Solo comercio e industria restaron 1,3 puntos porcentuales al crecimiento interanual del EMAE. Los indicadores preliminares apuntan a un crecimiento prácticamente nulo en agosto, lo que sugiere cierta estabilización, aunque todavía muy por debajo del rebote necesario para compensar la caída de julio, apunta un informe de Adcap Grupo Financiero. El Gobierno mantiene una visión más optimista sobre la actividad: Milei minimizó las preocupaciones sobre una recesión, mientras que el ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó la debilidad de julio principalmente a factores transitorios, entre ellos la escasez de gas, las condiciones climáticas adversas y una menor cantidad de horas trabajadas durante el Mundial, continúa Adcap.
La UCA explicó por qué volvió a subir la pobreza: gastos básicos en alza e ingresos que pierden poder de compraEl programa económico tiene puntos de alta solidez como el equilibrio fiscal y la expansión de las exportaciones. Son fortalezas relevantes porque los déficits fiscales y la escasez de dólares fueron los típicos factores desequilibrantes en la historia económica argentina. Entre los puntos de mayor vulnerabilidad aparece la política monetaria cuyo efecto no deseado es que limita la expansión del crédito. Esto -junto con deficiencias estructurales como impuestos distorsivos, precaria infraestructura y baja calidad de los servicios públicos- explica que el consumo crezca poco y la inversión caiga, detalla el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa). Lo más preocupante es que bajo estas condiciones es natural que persista la incertidumbre respecto a la posibilidad de reversión del rumbo económico. No hay temor por una crisis inminente como solía ocurrir en el pasado, pero crecientes dudas emergen sobre cómo se plasmará la insatisfacción de mucha gente en las próximas elecciones. La manera de despejar las incertidumbres es terminar de normalizar la economía, una asignatura a la que la gestión Milei le está costando más tiempo que lo previsto.